26.4.2016
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¿Qué es la sarcopenia muscular?

Es uno de los síndromes más frecuentes asociados a la vejez y sin embargo es uno de los menos conocidos. Suele comenzar alrededor de los 30 años y afecta a un 30% de la población de más de 60, incrementándose notablemente en las mujeres al llegar a la menopausia. Hablamos de la sarcopenia.

Detrás del nombre “sarcopenia” se esconde la pérdida excesiva de masa y fuerza muscular esqueléticas asociada al envejecimiento o a la vida sedentaria y el tabaquismo. Esta pérdida de fuerza muscular disminuye el rendimiento físico de la persona, llegando a dificultar la vida diaria de la persona. 

Se trata un poco de la pescadilla que se muerde la cola. Al reducir la actividad física por este deterioro de las fuerzas, se deja de trabajar el músculo y éste se deteriora aún más. Esta pérdida de masa muscular puede degenerar en discapacidad física por eso es importante prevenirla con las herramientas correctas.

A partir de los 30 años se empieza a perder entre el 3 y el 8% de masa magra de músculo por cada década que envejecemos. Esta degeneración progresiva aumenta el riesgo de sufrir fracturas y caídas a medida que aumenta la edad, con el peligro extra que este tipo de accidentes entrañan para la salud de las personas mayores.

Aunque los factores que pueden provocarla son diversos, existen algunos que sí podemos controlar y corregir en la medida de nuestras posibilidades.

La sarcopenia puede aparecer por un cruce de factores de propensión genética, factores neurológicos, musculares, hormonales, nutricionales y asociados al estilo de vida. Es en estos dos últimos donde podemos concentrar nuestro trabajo de prevención.

Aunque no se trata de un síndrome relacionado directamente con el peso, sí aparece relacionada con la falta de proteínas y asociada a la pérdida de peso. Sin embargo, es importante recordar que también puede afectar a personas obesas en cuyo caso es aún más grave porque aúna los problemas propios de la obesidad con los de la falta de una potente masa muscular que sostenga el cuerpo.

Una dieta rica en proteínas puede ayudarnos a combatir esta dolencia porque las proteínas con alto valor biológico contribuyen a la creación de músculo.

La cantidad diaria de proteínas recomendadas varía en función del peso y el tipo de proteínas que tomemos, por eso es conveniente contar con un especialista que nos asesore en el diseño de nuestra dieta.

Además, diversos estudios confirman que la práctica regular de algún ejercicio no sólo nos ayuda a prevenir sino que también influye positivamente en la forma en que nuestro cuerpo responde y procesa las proteínas.

Como siempre cuando se trata de salud y bienestar, la prevención es clave. Una alimentación variada y rica en proteínas acompañada de suficiente actividad física son la mejor manera a nuestro alcance. Los ejercicios que trabajan la fuerza muscular en potencia y resistencia varias veces por semana ayudan además a reconstruir la masa muscular perdida.

Una vez diagnosticada, es posible tratar la sarcopenia con fisioterapia y ejercicio para mantener la calidad de vida del paciente. Acompañar una dieta especializada con ejercicio aeróbico y entrenamiento de resistencia mejoran las capacidad funcional, un aspecto muy importante para aquellas personas que ya conviven con este síndrome.

El ejercicio moderado y supervisado puede incluso revertir parte de sus efectos. El lema para estos enfermos es la constancia y la paciencia. Deben comenzar con ejercicios adecuados y progresar despacio según su propio cuerpo lo permita para evitar lesiones y otros efectos secundarios indeseados.

Envejecer es inevitable, pero siempre podemos preparar nuestro organismo para afrontar esta etapa de la vida con la mayor calidad de vida posible. 

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