10.2.2017
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¿DEBO APUNTAR A MI HIJO A NATACIÓN?

natación para niños

Aprender a nadar correctamente es, a menudo, una asignatura pendiente para padres e hijos. Una buena forma de asegurarnos de que nuestros hijos la superan con buena nota son las clases de natación para los más pequeños. 

Clases de natación infantil

Puede que no nos enseñaran bien a nosotros y no sepamos ahora enseñar a nuestros niños, o que desconozcamos las técnicas adecuadas para lograr que los pequeños sepan hacer algo más que chapotear. Llegada cierta edad es conveniente recurrir a un monitor experto en educar y entender a los niños. Además, se trata de mucho más que simplemente aprender a nadar.

Las clases de natación infantil cumplen una doble función. Por un lado, sirven como actividad deportiva extraescolar, incorporando a la rutina de los peques un poco de ejercicio saludable, tan necesario en un mundo tan sedentario como el nuestro. Por otro, es una actividad lúdica que hará que los niños se diviertan y se olviden de que están haciendo deporte. Al fin y al cabo, la diversión es siempre la mejor manera de engancharse a la vida sana.

Ir a la piscina es casi siempre sinónimo de pasar un buen rato con los amigos. Ahí reside gran parte del encanto de esta actividad tanto para padres como para hijos. Pero incluso cuando los peques presentan batalla es posible ganar la partida.

Ir a la piscina es casi siempre sinónimo de pasar un buen rato con los amigos.

Nuestra monitora, Aurora Conca, lo tiene comprobado. “Es normal que los pequeños tengan miedo al agua. Todos los años tenemos alguno que llega llorando a la piscina pero siempre, siempre se consigue. Es cuestión de tiempo y de paciencia, de aceptar que cada alumno tiene su ritmo y respetarlo. Los niños siempre acaban consiguiendo perderle el miedo a la piscina”.

Superar este miedo inicial es una doble ganancia. Además de poder disfrutar del agua durante el resto de su vida, los pequeños habrán ganado seguridad en sí mismos. “Verse capaces de superar el miedo y verse sueltos y con confianza en el agua les aporta una seguridad que parece imposible los primeros días”, asegura Aurora.

"Es normal que los pequeños tengan miedo al agua... superar este miedo inicial es una doble ganancia"

La capacidad educativa de la natación para la vida es extraordinaria. Esta actividad recreativa les ayuda en su desarrollo psicomotriz según su nivel. “Trabajamos siempre desde el refuerzo positivo. Tenemos comprobado que con los pequeños la negatividad no sirve de nada, pero con el refuerzo positivo se consiguen resultados extraordinarios”.

Los niños mejoran la coordinación entre brazos y piernas gracias a estos ejercicios. También trabajan el equilibrio fuera del agua y el reconocimiento de su situación en el espacio, una habilidad muy importante dentro de la piscina.

Al ser la natación un ejercicio aeróbico, los pequeños trabajan sin darse cuenta su capacidad cardiovascular, mejorando la oxigenación del cuerpo y su capacidad pulmonar. Los ejercicios aeróbicos son excelentes para mantenerse en forma y aumentar progresivamente su resistencia.

En el caso concreto de la natación, otro de los grandes beneficios corporales para los pequeños es la mejora de la postura corporal. En una edad en la que pasan tanto tiempo sentados en clase y cargando con sus mochilas, la natación ayuda a que su cuerpo, en especial la espalda, se forme correctamente mientras crecen. A medida que se hagan mayores y aumente la carga escolar, agradecerán haber fortalecido los músculos de la espalda.

Uno de los grandes beneficios corporales de la natación para los pequeños es la mejora de la postura corporal

Gracias a esta tonificación ligera pero constante que se produce en la piscina, su formación física mejora con respecto a otros niños de la misma edad que no practican ningún ejercicio. Las musculatura y la estructura ósea del niño se fortalece poco a poco asegurándonos un desarrollo saludable.

Los niños se agrupan por niveles de colores de forma que cada uno se sienta cómodo con su propio ritmo de aprendizaje. “La hora de natación tiene que ser un motivo para divertirse y relajarse, nunca generarles estrés y ansiedad innecesarios. Por eso es importante que no se agobien… Y que no se aburran”. A medida que el alumno domina nuevas técnicas, el nivel de dificultad sube de forma que esté siempre motivado para seguir aprendiendo.

Esta forma de relacionarse con los compañeros de forma colaborativa y no competitiva les ayuda a mejorar en sus relaciones sociales. Para algunos, relacionarse con otros niños de su edad es un problema fuera del entorno escolar. Actividades complementarias como la natación les ayudan a mejorar en su capacidad de relacionarse con sus pares.

“Estar juntos en una actividad de ocio como es la natación les ayuda a abrirse, a conocerse, a colaborar con otros niños”, puntualiza Aurora. La sociabilización en ambientes diferentes a edades tempranas es fundamental para el desarrollo de una personalidad sana durante la adolescencia y el resto de la vida adulta.

La didáctica de las clases de natación ha evolucionado mucho en los últimos tiempos. Lejos de aquellas sesiones casi militares en las que los niños se pasaban la tarde haciendo largos de un lado para otro, la dinámica actual es más divertida y lúdica.

La enseñanza de la natación hoy en día se basa en juegos y actividades recreativas que trabajan y desarrollan competencias transversales más allá de la propia natación. Mediante estos juegos se busca enseñar a los niños a pensar y a comunicar mejor, pues se trata en gran medida de juegos en grupo en los que tienen que contar con el resto de sus compañeros. 

La enseñanza de la natación hoy en día se basa en juegos y actividades recreativas

Además, se les anima a tomar decisiones y a actuar de una manera cada vez más autónoma e independiente. Esta capacidad va muy vinculada al aumento de la seguridad en sí mismos que desarrollan durante el juego. “Al principio suelen ser un poco más tímidos, pero a medida que aprenden poco a poco se van atreviendo un poco más y disfrutando con el proceso de toma de decisiones”, resalta Aurora.

En definitiva, aprender a nadar es mucho más que aprender a flotar en el agua. Es una actividad complementaria que enseña a nuestros hijos a convivir y a habitar el mundo de forma responsable y solidaria con otros.

Es una actividad de convivencia y comunicación que les ayuda a ganar seguridad en sus propias capacidades y habilidades. Independientemente de lo rápido o lento que aprendan, cada pequeña mejora refuerza su confianza mientas aprenden una habilidad que les será útil el resto de su vida. 

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